La casa del pasado

CUENTOS ‚ú®ūüďö

Autor: Algernon Blackwood (1869-1951)

Cierta noche, una Visión llegó hasta mí, trayendo con ella una antigua
y oxidada llave. Me llevó a través de campos y senderos de dulce aroma, donde los setos ya susurraban en la oscuridad primaveral, hasta que llegamos a una inmensa y sombría casa, de ventanas conspicuas y tejado elevado, medio escondido en las sombras de la madrugada. Noté que las persianas eran de un pesado negro y que la casa parecía revestida por una paz absoluta.
‚ÄĒ√Čsta ‚ÄĒme susurr√≥ ella‚ÄĒ, es la Casa del Pasado. Ven conmigo y recorreremos sus habitaciones y pasillos; pero date prisa, pues no tendr√© la llave por mucho tiempo y la noche ya casi se acaba. A√ļn as√≠, por ventura, ¬°debes recordar!
La llave produjo un t√©trico sonido cuando gir√≥ en la cerradura, y cuando la puerta se abri√≥ sobre un vest√≠bulo vac√≠o, escuch√© extra√Īos murmullos y llantos, y el roce de telas, como de gente movi√©ndose en sue√Īos, a punto de despertar. Entonces, un esp√≠ritu de gran tristeza vino a m√≠, empapando mi alma; mis ojos comenzaron a arder y en mi coraz√≥n advert√≠ una extra√Īa sensaci√≥n, como si algo que hab√≠a dormido durante a√Īos se despertara. Todo mi ser, incapaz de resistir, se rindi√≥ inmediatamente al esp√≠ritu de la melancol√≠a m√°s profunda, y el dolor de mi coraz√≥n, mientras las Cosas se mov√≠an y despertaban, por un momento se hizo demasiado fuerte para expresarlo en palabras‚Ķ
Mientras avanz√°vamos, las d√©biles voces y sollozos escaparon delante nuestro hacia el interior de la Casa, supe que el aire estaba lleno de manos suspendidas, de vestimentas oscilantes, de trenzas colgantes, y de ojos tan tristes y nost√°lgicos, que las l√°grimas ‚ÄĒque ya casi desbordaban de los m√≠os‚ÄĒ, se reten√≠an por milagro ante la contemplaci√≥n de tan intolerable anhelo.
‚ÄĒNo permitas que esta tristeza te aplaste ‚ÄĒsusurr√≥ la Visi√≥n a mi lado‚ÄĒ. No despiertan frecuentemente. Duermen por a√Īos y a√Īos y a√Īos. Los cuartos est√°n todos ocupados y a no ser que lleguen visitantes como nosotros a perturbarlos, jam√°s despertar√≠an por propia voluntad. Pero cuando uno se agita, el sue√Īo de los otros tambi√©n se ve perturbado, y tambi√©n despiertan, hasta que el movimiento es comunicado de una habitaci√≥n a otra y as√≠ finalmente, a trav√©s de toda la Casa‚Ķ Pero, a veces, la tristeza es demasiado grande como para soportarla, y la mente se debilita. Por esta raz√≥n, la Memoria les entrega el sue√Īo m√°s dulce y profundo que posee y cuida de usar poco esta peque√Īa y herrumbrosa llave. Pero, escucha ahora ‚ÄĒagreg√≥ ella, tom√°ndome la mano‚ÄĒ, ¬Ņno oyes, acaso, el temblor del aire a trav√©s de toda la Casa, que se asemeja al murmullo de agua cayendo? ¬ŅY quiz√° ahora t√ļ‚Ķ recuerdas?
A√ļn antes de que ella hablara, yo ya hab√≠a captado d√©bilmente el inicio de un nuevo sonido; y ahora, en lo profundo de los s√≥tanos bajo nuestros pies, y tambi√©n desde las regiones superiores de la gran Casa, me llegaba el murmullo y el crujido y el movimiento ligero y contenido de las Sombras durmientes. Se elevaba como una cuerda ta√Īida suavemente de entre las inmensas e invisibles cuerdas pulsadas en alg√ļn lugar de las bases de la Casa, y su vibraci√≥n corr√≠a suavemente por sus paredes y techos. Y supe que hab√≠a escuchado el lento despertar de los Esp√≠ritus del Pasado.
¬°Ay de m√≠!, con qu√© terrible invasi√≥n de amargura me sosten√≠a all√≠, con los ojos inundados, escuchando las tenues voces muertas mucho tiempo atr√°s‚Ķ Porque de hecho, toda la Casa estaba despertando; y en ese momento lleg√≥ hasta mi nariz el sutil y penetrante perfume del tiempo: de cartas, con la tinta borrosa y las cintas deste√Īidas; de olorosas trenzas, doradas y casta√Īas, guardadas, ¬°oh, tan tiernamente!, entre las flores prensadas que a√ļn conservaban la profunda delicadeza de su olvidada fragancia; la arom√°tica presencia de memorias perdidas, el intoxicante incienso del pasado. Mis ojos se inundaron, mi coraz√≥n se contrajo y expandi√≥, mientras me rend√≠a sin reserva a esas antiguas influencias de sonidos y aromas. Estos Esp√≠ritus del Pasado ‚ÄĒolvidados en el tumulto de memorias m√°s recientes‚ÄĒ se apretaban alrededor m√≠o, tomaron mis manos y, siempre susurrando lo que yo hace tiempo hab√≠a olvidado, siempre suspirando, exhalando de sus cabellos y vestiduras los aromas inefables de las √©pocas muertas, me guiaron a trav√©s de la inmensa Casa, de cuarto en cuarto, de piso en piso.
Pero no todos los esp√≠ritus me eran igualmente claros. De hecho, algunos ten√≠an s√≥lo la m√°s d√©bil vida, y me agitaban tan poco que s√≥lo dejaban una impresi√≥n indistinta y borrosa en el aire; mientras que otros me observaban casi con reproche con sus apagados y deste√Īidos ojos, como anhelando retornar a mis recuerdos; y entonces, al ver que no eran reconocidos regresaban flotando suavemente hacia las sombras de sus habitaciones, para volver a dormir imperturbados hasta el d√≠a final, cuando no fallar√© en reconocerlos.
‚ÄĒMuchos de ellos han dormido por tanto tiempo ‚ÄĒdijo la Visi√≥n a mi lado‚ÄĒ que despiertan s√≥lo a dif√≠cilmente. Sin embargo, una vez despiertos te reconocen y recuerdan, aunque t√ļ no logres hacerlo. Pues es la regla de la Casa del Pasado que, mientras t√ļ no los evoques claramente, no recuerdes precisamente cu√°ndo los conociste y con qu√© causas particulares de tu evoluci√≥n pasada est√°n asociados, no podr√°n mantenerse despiertos. A menos que los recuerdes cuando sus ojos se encuentren, a menos que su mirada de reconocimiento les sea devuelta por la tuya, est√°n obligados a regresar a su sue√Īo, silenciosa y desconsoladamente ‚ÄĒsus manos sin estrechar, sus voces sin ser o√≠das‚ÄĒ, para so√Īar un sue√Īo inmortal y paciente, hasta que‚Ķ
En ese instante, sus palabras se extinguieron repentinamente en la distancia y tom√© conciencia de un abrumador sentimiento de deleite y alegr√≠a. Algo me hab√≠a tocado los labios, y un fuego poderoso y dulce se precipit√≥ hacia mi coraz√≥n y envi√≥ la sangre tumultuosamente por mis venas. Mi pulso lat√≠a locamente, mi piel resplandec√≠a, mis ojos se enternecieron, y la terrible tristeza del lugar fue instant√°neamente disipada, como por arte de magia. Volvi√©ndome con una exclamaci√≥n de j√ļbilo, que de inmediato fue tragada por el coro de sollozos y suspiros que me rodeaban, observ√©‚Ķ e instintivamente adelant√© mis brazos en un rapto de felicidad hacia‚Ķ hacia la visi√≥n de un Rostro‚Ķ cabello, labios, ojos; una tela dorada rodeaba el hermoso cuello, y el antiguo, antiguo perfume del Este ‚ÄĒ¬°por las estrellas, cu√°nto hace de ello!‚ÄĒ estaba en su aliento.
Sus labios nuevamente estaban en los míos; su cabello sobre mis ojos; sus brazos alrededor de mi cuello, y el amor de su antigua alma vertiéndose en la mía a través de unos ojos todavía fulgurantes y claros. Oh, el feroz tumulto, la maravilla inenarrable, ¡si sólo pudiese recordar!… Aquel aroma, sutil y disipador de brumas, de muchas eras atrás, una vez tan familiar… antes de que las Colinas de la Atlántida estuvieran sobre el mar azul, o que las arenas comenzaran a formar el lecho de la esfinge. Pero, un momento; ya regresa; comienzo a recordar…
Cortina tras cortina se levantan de mi alma, y casi puedo ver m√°s all√°. Pero el espantoso el√°stico de los a√Īos, horrible y siniestro, milenio tras milenio‚Ķ Mi coraz√≥n se estremece, y tengo miedo. Otra cortina se eleva y otra perspectiva, que va m√°s all√° que las otras, se hace visible, interminable, corriendo hacia un punto rodeado de gruesas brumas. ¬°Y he aqu√≠, que ellas tambi√©n se mueven!, elev√°ndose, ilumin√°ndose. Finalmente ver√©‚Ķ ya comienzo a recordar‚Ķ la piel morena‚Ķ la gracia Oriental, los maravillosos ojos que conten√≠an el conocimiento de Buda y la sabidur√≠a de Cristo, a√ļn antes que aqu√©llos hubieran so√Īado con alcanzarla. Como un sue√Īo dentro de un sue√Īo, me cautiva nuevamente, tomando una apremiante posesi√≥n de todo mi ser‚Ķ la forma esbelta‚Ķ las estrellas en aquel m√°gico cielo Oriental‚Ķ los susurrantes vientos entre las palmeras‚Ķ el murmullo del r√≠o y la m√ļsica de los setos al inclinarse y suspirar en la dorada superficie de arena.
Se difumina un poco y comienza a pasar; luego parece surgir nuevamente. ¬°Ay de mi!, aquella sonrisa de dientes resplandecientes‚Ķ aquellos p√°rpados de venas de encaje. Oh, qui√©n me ayudar√° a recordar, pues se encuentra demasiado lejos, demasiado oscuro, y yo no puedo recordarlo completamente; aunque mis labios a√ļn se estremecen, y mis brazos se encuentran a√ļn extendidos, nuevamente comienza a desvanecerse. Ya hay una mirada de tristeza, demasiado profunda para expresar con palabras, al darse cuenta de que no es reconocida‚Ķ. ella, cuya mera presencia pudo una vez extinguir para m√≠ el universo entero‚Ķ y ella se devuelve, lentamente, tristemente, silenciosamente a su oscuro e inmenso sue√Īo, para so√Īar y so√Īar con el d√≠a en que la recordar√© y que vendr√° a donde pertenece‚Ķ
Me observa desde el final de la habitaci√≥n, donde las Sombras comienzan a cubrirla y a ganarla de vuelta con sus brazos estirados hacia su sue√Īo de siglos en la Casa del Pasado.
Estremeci√©ndome, con el extra√Īo perfume a√ļn en mi nariz y el fuego en mi coraz√≥n, gir√© y segu√≠ a mi Sue√Īo por una amplia escalera, hacia otra parte de la Casa. Al entrar en los corredores superiores o√≠ al viento crujir cantando sobre el tejado. Su m√ļsica tom√≥ posesi√≥n de m√≠ hasta que sent√≠ como si todo mi cuerpo fuera un solo coraz√≥n, doliente, tenso, palpitante, como si fuera a quebrarse; y todo porque escuch√© al viento cantar alrededor de la Casa del Pasado.
‚ÄĒRecuerda ‚ÄĒmurmur√≥ la Visi√≥n, respondiendo a mi inexpresada pregunta‚ÄĒ que est√°s escuchando la canci√≥n que ha cantado por incontables siglos y para mir√≠adas de incontables o√≠dos. Se remonta asombrosamente lejos; y en ese simple salmo, profundo en su terrible monoton√≠a, se encuentran las asociaciones y los recuerdos de las alegr√≠as, penas y luchas de toda tu existencia previa. El viento, como el mar, le habla a la memoria mas √≠ntima ‚ÄĒagreg√≥‚ÄĒ y es por eso que su voz es de tal tristeza, profundamente espiritual. Es la canci√≥n de las cosas por siempre incompletas, inconclusas, insatisfechas.
Mientras pas√°bamos por las abovedadas habitaciones, advert√≠ que nadie se agitaba. Realmente no hab√≠a ning√ļn sonido, s√≥lo una impresi√≥n general de una respiraci√≥n profunda y colectiva, como el vaiv√©n de un mar amortiguado. Mas los cuartos, lo supe inmediatamente, estaban llenos hasta las paredes, repletos, fila tras fila‚Ķ Y, desde los pisos inferiores, a veces se elevaba el murmullo de las Sombras llorosas al retornar a su sue√Īo, instal√°ndose nuevamente en el silencio, la oscuridad y el polvo. El polvo‚Ķ oh, el polvo que flotaba en esta Casa del Pasado, tan denso, tan penetrante; tan fino que llenaba los ojos y la garganta sin dolor; tan fragante, que aliviaba los sentidos y tranquilizaba el coraz√≥n; tan suave, que resecaba la boca, sin molestar; y cayendo tan silenciosamente, acumul√°ndose, pos√°ndose sobre todo, que el aire lo sosten√≠a como una fina bruma y las sombras durmientes lo usaban como mortajas.
‚ÄĒY √©stas son las m√°s antiguas ‚ÄĒdijo mi Sue√Īo, apuntando hacia las filas repletas de silenciosos durmientes‚ÄĒ. Nadie aqu√≠ ha despertado por siglos, demasiados para contarlos; y a√ļn si despertaran no podr√≠as reconocerlos. Ellos son, como los otros, todos tuyos, s√≥lo que son los recuerdos de tus etapas m√°s tempranas a lo largo del gran Camino de Evoluci√≥n. Alg√ļn d√≠a, sin embargo, despertar√°n, y deber√°s reconocerlos y contestar sus preguntas, pues ellos no pueden morir hasta no agotarse a s√≠ mismos a trav√©s de ti, quien les dio la vida.
‚ÄĒ¬°Ay de m√≠! ‚ÄĒpens√©, escuchando y entendiendo a medias estas palabras‚ÄĒ cu√°ntas madres, padres, hermanos, pueden entonces estar dormidos en este cuarto; cu√°ntas fieles amantes, cu√°ntos amigos de verdad, ¬°cu√°ntos antiguos enemigos! Y pensar que un d√≠a se levantar√°n y me confrontar√°n, y yo deber√© encontrarme con sus ojos nuevamente, reclamarles, conocerlos, perdonarlos, y ser perdonado‚Ķ los recuerdos de todo mi Pasado‚Ķ
Me volte√© para hablarle al Sue√Īo a mi lado, y toda la Casa se disolvi√≥ en el brillo del cielo oriental, y escuch√© a los p√°jaros cantando y vi las nubes arriba velando las estrellas en la luz del d√≠a que se acercaba.

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